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Leibniz condena el concepto tiránico de 'justicia'


Godofredo Guillermo Leibniz

A continuación publicamos extractos del ensayo Meditación sobre el concepto común de justicia, escrito por Godofredo Guillermo Leibniz en 1703.

Se entiende que todo lo que Dios dispone es bueno y justo. Pero queda la interrogante de si es bueno y justo porque Dios lo dispone, o si Dios lo dispone porque es bueno y justo. Es decir, que si la justicia y la bondad son arbitrarias, o si más bien pertenecen a las verdades necesarias y eternas respecto a la naturaleza de las cosas, como los números y las proporciones. Algunos filósofos y algunos teólogos católicos reformados son de la primera opinión; pero los reformados de hoy por lo general rechazan esta doctrina, como lo hacen también todos nuestros teólogos y la mayoría de los de la Iglesia romana.

De hecho, destruiría la justicia de Dios. Ya que, ¿por qué alabarlo porque actúa acorde a la justicia, si la noción de justicia, en su caso, no agrega nada a la acción? Y decir stat prop ratione voluntas, mi voluntad toma el lugar de la razón, es propiamente el lema de un tirano. Más aún, esta opinión no distinguiría suficientemente entre Dios y el diablo. Ya que, si el diablo—es decir, un gran poder inteligente, invisible y muy malvado—, fuese el amo del mundo, este diablo o este Dios de todas maneras sería malvado, aunque fuese necesario rendirle honores por fuerza, como algunos pueblos le rinden honores a tales dioses imaginarios en la esperanza de así lograr que hagan menos mal.

Es por esto que ciertas personas, demasiado devotas al derecho absoluto de Dios, que han creido que él podría condenar a personas inocentes justamente, y hasta han creído que esto podría ocurrir, han hecho mal a los atributos por los que amamos a Dios y, habiendo destruido el amor a Dios, han dejado sólo temor. . . .

Las Sagradas Escrituras también nos dan una idea totalmente distinta de esta sustancia soberana, al hablar tan a menudo y tan claramente de la bondad de Dios, presentándolo como una persona que se justifica a sí misma contra las quejas. Y en la historia de la creación del mundo, las Escrituras dicen que Dios reflexionó sobre lo que había hecho, y le pareció bueno. Es decir, estaba contento con su obra, y tenía razón de estarlo. Esta es una manera humaÜntna de hablar, y parece que se usa explícitamente para mostrar que la bondad de las acciones y hechuras de Dios no dependen de su voluntad, sino de la naturaleza de las mismas. . . .

En sus diálogos, Platón presenta y refuta a un tal Trasímaco quien, al querer explicar lo que es la justicia, da una definición que recomendaría fuertemente la posición que combatimos, si es que fuere aceptable: porque lo justo, dice él, es aquello que le es agradable o placentero al más fuerte. . . .

Un célebre filósofo inglés llamado Hobbes, conocido por sus paradojas, ha querido sostener casi lo mismo que Trasímaco, ya que quiere que Dios tenga el derecho de hacer todo, porque es todopoderoso. Aquí falta distinguir entre derecho y hecho. Ya que una cosa es lo que uno puede hacer; otra, lo que uno debe hacer. Este mismo Hobbes cree (y casi por la misma razón) que la verdadera relgión es la del Estado, y que, en consecuencia, si el Emperador Claudio. . . hubiera colocado al dios Crépito entre los dioses autorizados, hubiera sido un dios verdadero, y merecedor de que se le adorase.

Es decir, de manera encubierta, que no hay religión verdadera y que no es sino una invención del hombre. De igual manera, decir que "lo justo" es lo que plazca al más fuerte, no es sino decir que no existe justicia cierta y definida que hace que uno no haga cualquier cosa que quiera hacer y pueda hacer impunemente, por perverso que sea. . . .

[Yo más bien afirmo que] la Justicia no es sino aquello que se conforma a la sabiduría y la bondad juntas; el fin de la bondad es el bien mayor, pero es necesaria la sabiduría para reconocerlo, lo que no es sino el conocimiento del bien. . . . Uno podría preguntarse, ¿qué es el bien verdadero? Yo respondo que no es sino aquello que sirve para perfeccionar las sustancias inteligentes. . . .

La belleza y justicia del gobierno divino se han ocultado, en parte, de nuestros ojos. . . porque es propio, para que haya más ejercicio de la virtud libre, de la sabiduría y de un amor no mercenario a Dios, ya que las recompensas y los castigos todavía son exteriormente invisibles, y aparecen sólo ante los ojos de nuestra razón o fe, que aquí tomo por iguales, ya que la verdadera fe se funda en la razón. . . .

La Justicia no es sino la caridad del sabio, es decir, bondad hacia otros que se conforma a la sabiduría. Y la sabiduría, como lo defino yo, no es sino la ciencia de la felicidad.



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